Indira y su magia: reinventando la cocina

Llegando a vos

Indira Niveiro se acercó a nuestra Fundación por primera vez a mediados del 2019. Llegó en busca de ayuda para Roma, que tenía un diagnóstico de Desnutrición Moderada y Déficit de Talla. Cinco meses después estaba totalmente recuperada.
En el 2021, cuando Roma ingresó a la Sala Amarilla de nuestro Jardín Comunitario, Indira se convirtió en la cocinera. Su entusiasmo por aprender y colaborar es permanente e inspirador.
¿Cómo te dicen acá? ¿Tenés un sobrenombre o apodo?
Indi.
Indi, contanos desde cuándo y por qué te sumaste a Llegando a Vos…
Me sumé en el 2019, cuando mi hija Roma tenía 7 meses (ahora tiene 3 años). La misma semana en que Roma nació, a mi mamá se le prendió fuego la casa. En el incendio, se le perforó un pulmón y, al atenderla, le detectaron cáncer. Todo junto.
Hasta que un día fui a otro hospital y me retaron. Me dijeron "mami tu nena no está creciendo". En 3 meses, había crecido 100 gramos nomás. Entonces Sabri (Trabajadora Social), que vive en el mismo barrio que yo, me habló de Llegando a Vos.
Al venir acá, los doctores hicieron de todo para que Roma volviera a crecer. Nati (Puericultora) me acompañó un montón para que pudiera afianzar el vínculo con Roma. Kari (Psicóloga) también me ayudó a transitar el mal momento que estaba viviendo. De a poco mi hija empezó a aumentar de peso y, después de un tiempo, logró el alta. Y hoy está excelente.
¿Cuál es tu rol acá?
Aunque resulte difícil creerlo, soy cocinera. Antes de Roma, no sabía freír un huevo. Un día, después de que le dieron el alta a Roma, me llamó Ale (Coordinadora del Programa) y me ofreció sumarme a la cocina. Y hoy ya hace 9 meses que cocino para los nenes del Jardín.
¿Qué les cocinás?
Hacemos preparaciones con aquellos ingredientes que no suelen comer en sus casas: garbanzos, lentejas, soja, verduras. Junto a las nutricionistas vamos viendo qué es lo que comen y lo que no. Por ejemplo, el primer día que hice un guiso de lentejas, no lo quiso comer nadie. Entonces se las procesé, las combiné con un poco de fideos y ahí sí, las comieron.
Dijiste “hacemos”... ¿Con quién más armás las preparaciones?
Con las nutricionistas. Ellas me dan un menú y lo charlamos. En base a eso, vamos viendo qué es lo que comen y lo que no. Imaginate que hay nenes que viven a fideos todos los días. Entonces vos les das acelga y no quieren saber nada. Por eso, vamos probando, viendo en dónde podemos incorporar cada ingrediente.
Por ejemplo, el primer día que hice un guiso de lentejas, no lo quiso comer nadie. No había forma. Entonces se las procesé, las combiné con un poco de fideos y ahí sí, las comieron. La segunda vez que les dimos lentejas, ya comieron más.
Vamos de a poquito y en equipo, junto a las nutricionistas. Vemos las recetas, conversamos sobre posibles comidas. Luego de hacerlas y de notar si funcionaron o no, intercambiamos ideas, pensamos posibles modificaciones.
Ya que hablás del trabajo en equipo, contanos, ¿qué es lo que más te gusta de formar parte de esta organización?
A mí me encanta venir, la paso super bien. Acá todos nos tratamos como iguales, nadie es más que nadie, trabajamos a la par. Siempre con alegría y siempre pendientes de que los nenes estén bien, que es lo más importante para mí.
¿Y qué dirías que el equipo valora de vos?
¡Qué pregunta difícil! Yo te puedo decir lo que yo creo de mis cualidades y después habría que ver con el resto si están de acuerdo o no. Estoy siempre dispuesta a hacer lo que se necesite.
Y esto porque estoy muy agradecida con todos. Como no tengo otra forma de colaborar o de devolver lo que hicieron por mí, ayudo de esta forma. Y bueno, además, ¡soy muy simpática y carismática!
Totalmente, ¡doy fe de eso! Para cerrar Indi, te hago una última pregunta: ¿qué le dirías a aquellas familias que quieren que sus niños y niñas se alimenten mejor, pero no saben cómo hacerlo o les resulta difícil? ¿Qué estrategias les recomendarías?
Les diría que a los nenes vos los tenés que motivar a comer variado. Porque hay algunos sabores que no conocen y les resultan raros, entonces hay que encontrarle la vuelta.
El día que cociné soja, por ejemplo, no querían comerla. Entonces hice bolitas más chiquitas y fui a charlar con ellos. −Siempre charlo y juego con ellos cada vez que entro a la sala a llevarles lo que sea−. Les dije “acá tengo unas bolitas, ¿quién quiere probarlas?”, y algunos probaron y comieron.
O lo que hicimos con las lentejas, que nos dimos cuenta de que funcionan perfecto en forma de budín. O sea, las reinventamos. Para mí esa es la clave: reinventarse.



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